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Novela negra   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Espiritualidad
Valentín Martínez
Animalismo y espiritualidad
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Animalismo y Espiritualidad
 
Me he preguntado cómo podría defender mi postura animalista sin ofender a nadie, sin insultar, sin pensar que quien no piensa como yo no merece el mismo respeto por su opinión que el que pueda merecer la mía.
 
Me he encontrado, con sorpresa, personas que diciendo que se encuentran en el camino de la espiritualidad o evolución espiritual son defensoras y partidarias de utilizar a otros seres vivos como divertimento. Aún sentí más sorpresa cuando veía como arrojar a un ser vivo desde la torre de un campanario para disfrutar al verlo estrellarse contra el suelo era justificado con el “elevado y sólido” argumento de la costumbre.
 
Cuando uno es joven hace barbaridades que cuando es adulto, evoluciona y se da cuenta de la fragilidad del resto de los seres vivos que habitan este planeta, siente un dolor inmenso por el daño que ha podido causar a otros que no podían defenderse.
 
Imagino qué sentiría una madre si un ser con más fuerza y más inteligente que la especie humana, le arrebatara al bebé de su cuna para que jugaran sus hijos con él, sin importarle las consecuencias. O que seleccionaran a alguno de sus vástagos para que, en las fiestas de su selvático mundo, se disputaran arrancarlo el cuello y asesinarlo mientras el resto de sus congéneres jalearan al “ganador” y le entregaran una corona de cartón como premio a su hazaña.
 
Un ser que transita por el camino espiritual no necesita aún haber alcanzado ningún grado especial de comprensión para darse cuenta de que todos los seres vivos sienten igual que los hombres. Tienen miedo igual que los hombres, aman igual que los hombres y desean vivir en paz del mismo modo que los hombres.
 
A medida que uno avanza es más fácil darse cuenta no solo de este hecho, sino de que cada vez que herimos a otro ser, sea de nuestra especie o no, estamos hiriendo a la propia vida, de la cual participamos de un modo más complejo del que podemos apreciar con nuestros sentidos humanos.
 
La espiritualidad también te abre los ojos en cuanto a la poca libertad de la que disponemos los hombres. Imagino que si hubiera nacido en esos entornos es los que uno se divierte por costumbre con el dolor de otros seres vivos y no me hubiera planteado que aquello se encontraba lejos de mi pretendida humanidad, sería de la misma opinión que ellos.  Ya no te digo nada si mi forma de vida dependiera de ello. Imagino que encontraría mil disculpas y si no encontrara verdades que los sostuvieran las inventaría con tal de seguir llevando el pan a la mesa de mi familia.
 
Me resulta difícil creer que la gran mayoría de los que se dedican al mundo del toro, por ejemplo, carezcan de la sensibilidad suficiente como para darse cuenta de que su trabajo, cuanto menos está causando algún tipo de dolor a otro ser vivo, que no quisiera para él ni para ninguno de los suyos.
 
Los miro y veo personas normales, seguramente buenos padres y responsables, en la medida que lo somos todos, de contribuir con la sociedad.
 
No es necesario insultarlos para no estar de acuerdo con ellos. No es necesario alegrarse de su muerte cuando les acaece esa desgracia porque estaríamos haciendo lo mismo que pretendemos extinguir. Es decir, alegrarnos con el sufrimiento de otro ser vivo.
 
Creo que muchos festejos, que para algunos son trabajo, se acabarán extinguiendo porque los seres humanos nos vamos dando cuenta de que quienes creíamos que estaban para nuestra libre disposición, en las emociones básicas, son totalmente idénticos a nosotros; y al ser capaces de ver nuestro propio dolor reflejado en el de ellos no solo sentimos conmiseración si no respeto por su vida.
 
Sé que el que arranca de cuajo el cuello a un ganso, el que arroja una cabra desde la torre del campanario para disfrutar con el dolor del animal, quien sale a una plaza a sacrificar a un toro, no es diferente de mí o no soy yo diferente de ellos. Podría estar perfectamente en su lugar si el destino hubiera querido hacerme nacer donde ellos nacieron, y estar expuesto a las ideas con las que crecieron que ahora son creencias muy arraigadas que por mucha sensibilidad que tengan necesitan defender para poder vivir, en este caso los toreros.
 
El camino hacia la expansión de la conciencia de quienes nunca se han planteado que quizá estén haciendo un daño gratuito a otros seres vivos, no pasa por hacerlos daño a ellos con insultos. Creo en las manifestaciones anti taurinas, pero no poniendo por encima un ser vivo, como pueda ser el toro, por encima de otro ser vivo como pueda ser el torero.
 
Creo en la educación. Creo que si hay un número suficiente de personas que adquieran cierta sensibilidad en la vida, esta sensibilidad se expandirá al resto de los de su especie. Creo en la famosa “masa crítica” del biólogo Rupert Sheldrake que dice que cuando un número suficiente de miembros de una especie, adquiere una nueva habilidad, esta es adquirida por el resto de sus congéneres a través del campo morfogénico que la sostiene.
 
En consecuencia, basta con cambiarnos a nosotros mismos (Mahatma Ghandi) con ser honestos con nosotros mismos, con preocuparnos por nuestra propia sinceridad para que vaya cambiando el mundo poco a poco.
 
Claro que será necesario manifestarse, que será necesario expresarse y hablar. Pero aún más necesario es que estemos convencidos de nuestros principios, que no dejemos de evolucionar profundizando en nuestro personal camino espiritual, que no tiene nada que ver con las ñoñerías con las que a menudo se le asocia. El Camino Espiritual es una verdadera batalla contra las fuerzas embrutecedoras que paradójicamente son necesarias para sostener el mundo, pero de las que nos debemos sustraer con el fin de completar la Gran Obra de volver a nuestra especie realmente humana.
 
Valentín Martínez