Aceptar a los homosexuales, aceptar a los gais, prejuicios hacia los gais, prejuicios hacia los homosexuales, prejuicios hacia las lesbianas, el rechazo a los gais, el rechazo a las lesbianas, ser gay era algo malo, ser lesbiana era algo malo, ser homosexual era algo malo, personas homófobas, la homofobia, la batalla de hacerse visible si eres gay, ser gay hacerte visible, ser lesbiana hacer visible
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Ser Gay. Dejé unas notas para ti.   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Dejé unas notas para ti
Valentín Martínez
5.- Ser gay. La dificultad en ser aceptado por los demás.
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La dificultad en ser aceptado por los demás.

El porqué los otros, los que no son miembros de tu familia, tienen dificultades para aceptarte por ser homosexual es por la misma razón que pueden tener tus familiares, porque temen que les aparten del grupo a ellos también o que les señalen, si te acogen. Aquí funciona un poco como el chiste:
 
“Un amigo le dice a otro: Figúrate que ayer cuando regresaba a casa, escuché un murmullo, como si alguien estuviera peleando, con mucho cuidado me asomé a través de los arbustos y efectivamente, dos tipos le estaban dando una mano de golpes a otro. Yo me puse a pensar: ¿Qué hago, me meto o no me meto? Y así estuve como tres o cuatro minutos. El otro le interpela: ¿Bueno, y qué hiciste? El otro contesta: Al final decidí meterme, y entre los tres le dimos una paliza tremenda a ese tipo.”
 
Apenas tengo recuerdos de mis días de instituto. Siempre estaba solo. Pensando a todas horas en lo que terrible que era lo que sentía y temeroso de los demás. Aprendí a estar callado porque parecía que era, cuando comenzaba a hablar, que sonaba una especie de silbato que abría la veda para la risa, el desprecio o el insulto. No recuerdo que edad tendría, pero no más de catorce, a lo sumo quince años. Por aquellas fechas ya pensaba en quitarme la vida porque la vida que tenía era una tortura. No recuerdo haber tenido amigos en aquella época, apenas hablaba con mis hermanos y sentía miedo incluso de mis propios padres.
 
Uno piensa erróneamente que por el hecho de que un hombre o una mujer sean jóvenes, simplemente por eso, van a tener un planteamiento vital más abierto y tolerante que los adultos; sin embargo, porque somos prolongaciones de nuestros padres, arrastramos con ellos sus propios prejuicios, hasta que somos capaces de tener ideas propias; si es que las llegamos a tener, pues es un hecho que resulta raro, sobre todo porque uno quiere pertenecer por instinto a su clan, y serán pocos los que sean capaces de poner en peligro esa situación pensando por su cuenta.
 
Yo mismo pensaba que ser homosexual era algo malo, porque era lo que me transmitían mis padres, quienes se burlaban de uno de nuestros vecinos por su amaneramiento, mientras me miraban con desprecio y sin ningún pudor. Recuerdo en una ocasión, que corrí contento hacía mi padre, que en ese momento estaba sentado viendo la televisión, a contarle algo que me había sucedido. Aun estando mi padre sentado, y yo de pie frente a él, mi cabeza apenas le llegaba a la altura del pecho. ¿Qué edad podría tener yo? De pronto, antes de que terminara lo que quería decir, me pegó una bofetada gritando que no hablara “así”. Ha pasado casi mi vida entera y aún recuerdo mi sorpresa, mi desconcierto, mi vergüenza; el cómo me marche llorando al otro extremo de la habitación preguntando en voz alta: Hablar… pero, ¿cómo? Todos se rieron. Al parecer todos sabían cómo se debía hablar menos yo. Yo quería complacer a mi padre, pero me resultaba imposible comprender a qué se estaba refiriendo.
 
No tenía conciencia de mi amaneramiento. Cuando al ir al instituto, empecé a asociar la burla con mi forma de hablar, empecé a entender que era mejor permanecer callado. Si yo mismo pensaba que en mí existía algo malo, ¿cómo no lo iban a pensar los demás? Yo creía y asumía lo que veía en mis padres haciéndolo mío; el resto del mundo reacciona igual, salvo casos realmente excepcionales.
En familias homófobas, existirán hijos homófobos porque, inevitablemente, eso es lo que aprenderán. Como consecuencia de ello, te rechazarán y muchos no se acercarán a ti, para que no les rechacen o se burlen de ellos; para que no hagan con ellos, lo que los demás hacen contigo.
 
Es difícil enfrentarse al exterior, cuando tienes en tu propia casa al mismo enemigo. Por desgracia te diré que no existen fórmulas para soportar este tipo de situaciones. ¿A quién puedes acudir? Realmente no lo sé. Lo que sí sé es que la misión de un niño o un adolescente no es la de enfrentarse al mundo y luchar por sus derechos. Eso son cosas de adultos. Y cuando lo seas, en la medida de tus fuerzas y posibilidades, deberás luchar, para que las generaciones futuras tomen conciencia de este drama y le pongan remedio si es que saben y pueden hacerlo.
 
Afortunadamente en occidente ha habido un gran avance en este sentido y una apertura en la escuela o el instituto, como consecuencia de una evolución en la forma de pensar de los adultos sobre la orientación sexual. De cualquier modo, las noticias no dejan de sorprendernos, con casos que nos devuelven, a épocas que quisiéramos olvidar. El hecho de que hayamos superado este problema en nuestro entorno, no quiere decir que se hayan erradicado ni medianamente las conductas de antaño, que permanecerán latentes en los grupos de radicales que esperan su oportunidad. Por lo que bajar la guardia y decir que el mundo ha cambiado, complacidos en logros que se han alcanzado con respecto a la comunidad homosexual, sería un error.
 
Estrategias de supervivencia
 
La verdad no es un bien absoluto. No podemos ir mostrando nuestro carnet de identidad a cualquier desaprensivo que nos lo solicite. Por otra parte, la vida no premia la debilidad; en la naturaleza los débiles no sobreviven. Además, ninguno debería emprender una batalla sin contar con las fuerzas, estrategias o aliados necesarios como para, al menos, no perder antes de disparar su primer cartucho. Es cierto que habrá que ir a la guerra sabiendo que perderemos de antemano las primeras escaramuzas; pero la vida está para disfrutarla y no podemos pasar todo el tiempo tratando de abrir los ojos al mundo, mientras pasa desapercibido el paisaje para nosotros.
 
Gracias a Internet las noticias sobre la comunidad homosexual no quedan silenciadas o pasan inadvertidas para la opinión pública. Lo que más me hiere es leer o escuchar como algunos adolescentes acaban suicidándose porque su visibilidad les deja desprotegidos ante la jauría humana a la que deben enfrentarse en lugares donde ser honesto con nuestra orientación sexual es estar condenado cuanto menos al ostracismo. Esta misma mañana leía la noticia de un muchacho mejicano que se suicidó al verse rechazado por su padre. Este es el tipo de padre, que prefiere el sacrificio de su hijo antes de sacrificar su bienestar y de enfrentarse al mundo junto a él.
 
Como creo haber manifestado, no se puede pedir a un adolescente, ni siquiera a un joven que viva en un lugar sin falta de apoyos, o referentes cercanos, que asuma la batalla de hacerse visible. No lo hacen los hombres maduros, hombres con poder, hombres que podrían aplastar con una palabra a sus potenciales enemigos, como para pedir que alguien que vive un pequeño municipio o en una comunidad cerrada, a medio camino de su juventud, haga tal tipo de heroicidades.
 
Por supuesto que hay que luchar por hacernos visibles, pero desde un planteamiento inteligente, desde la colectividad. Si bien uno ha de ser fiel a su causa, la primera fidelidad, no me cansaré de repetir, es con uno mismo. En consecuencia, antes de salir al campo de batalla, tenemos que fortalecernos, mirar por nosotros. Así, el primer combate, será en el que derrotaremos a nuestros conflictos más íntimos, en el proceso de asumir nuestra identidad. Comprendiendo la naturaleza de nuestros fantasmas, hallamos la fórmula para suprimirlos. Como dije anteriormente, a menudo es suficiente con nombrar la emoción que percibimos, para que pierda su fuerza y nos permita mantenernos tranquilos y así pensar con lucidez. Identificando nuestras emociones, calmamos a nuestra mente. Sólo mostrándonos tranquilos y seguros de nosotros mismos los demás nos tratarán con tranquilidad y se sentirán seguros con nosotros. Es una retroalimentación o feedback que resulta muy fácil constatar.
 
Si acaso acudimos a un profesional de la psicología o psiquiatría, buscando la forma de aplacar la tensión que nos provocan las coerciones sociales; debemos pensar que no porque tenga el título que le capacite para ejercer su profesión, va a conectar con nosotros. Me gustaría decir que resulta espantoso escuchar, a más de uno de esos terapeutas, que los homosexuales tenemos más conflictos psicológicos que los heterosexuales. Se supone, por lo que se desprende de sus palabras, que esos conflictos son consecuencia de la homosexualidad. ¿Pero cómo no vamos a tener conflictos emocionales cuando nos hacen sentir que nacemos con alguna falta, cuando nos rechazan nuestros propios padres, nuestros compañeros de trabajo o cuando escuchamos que en tal o cual país a los que son como nosotros los condenan, no ya a penas de prisión sino a la pena de muerte? ¡Lo anormal es mantener el equilibrio ante un panorama de este tipo! No estoy en contra de buscar apoyo y consejo en un profesional de la salud mental si no tenemos a nadie que pueda aconsejarnos en los conflictos que se derivan de nuestra orientación sexual, pero si no conectamos con el profesional, mi consejo es que busquemos otro que nos entienda. Es fácil saber si conectamos o no. En el caso de que la consulta con tal o cual especialista, nos haga sentir bien, nos proporcione paz, es que hemos conectado; si cuando salimos de su consulta nos sentimos peor que cuando entramos o nos altera, no conectamos con su actuación.
 
Me sentía tan perdido al principio de mi batalla personal, que aceptaba el hecho de que, al salir de la consulta de un psiquiatra, me sintiera peor de lo que había entrado y su pretendida terapia, me hiciera más daño del que ya llevaba encima. Pero como estaba acostumbrado a no sentirme bien, pensé durante un tiempo que era culpa mía. Sólo cuando cambié de médico y vi que sus palabras no solo me consolaban, sino que iban sanando poco a poco mi alma, me di cuenta que no es fácil encontrar, de buenas a primeras, a alguien que te ayude ni siquiera pagando importantes cantidades de dinero. Por lo que a menudo, tendremos que contar con llamar a más de una puerta, si queremos resolver cualquier tipo de problema y no podemos por nosotros mismos.
 
Llegará un día, o tal vez ya ha llegado para ti, en el que te sentirás tranquilo, tanto con tu orientación sexual como con los diferentes retos a los que tu vida te vaya enfrentando. Una vez que te hayas aceptado, como consecuencia de haber eliminado los grandes temores que te paralizaban, una vez que hayas descubierto que en esencia eres tan perfecto como cualquier otro ser de los que pueble este planeta, si hay alguien que no te acepta, entonces el problema lo tiene él.
 
No obstante, no puedo transmitirte el mensaje de que a partir de ese momento todo irá bien. Habrá muchos que sigan hostigándote, si no personalmente a través de las proclamas de las ideologías más reaccionarias y te seguirán hiriendo con absurdas teorías que socaven tu integridad, como cuando dudan de tus capacidades para ser padre con argumentos espurios, o no quieren equiparar tu unión emocional a la suyas. Tendrás que acostumbrarte a que ninguna guerra puede ganarse completamente. Lo único que debe preocuparte es tu propia sinceridad. La sinceridad que te debes a ti mismo. No obstante, ni siquiera los heterosexuales lo tienen tan fácil como uno pueda creer.
 
Muéstrate seguro ante los demás. No es una tarea fácil, pero tiene su truco. Creo que nadie está seguro al cien por cien de nada en esta vida, ni siquiera de sí mismo; lo que sucede es que uno aprende a poner esa pose y, aunque no lo creas, por sí misma, te hace desprender seguridad. Aparta de tu vida todo victimismo porque lo único que hace es debilitarte. Eso no quiere decir que, en tu casa, en tu soledad o frente a alguien que realmente te quiera, puedas desahogarte si es que sintieras esa necesidad. Pero puedo asegurarte que no es el camino.
 
Fragmento del libro "Dejé unas notas para ti".
Nota del autor. Aunque el libro está editado iré publicando aquí algunos de sus capítulos, como este, por si a alguna persona que no puede comprar el libro le puede servir.