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Ser Gay. Dejé unas notas para ti.   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Dejé unas notas para ti
Valentín Martínez
15.- Ser gay. Mi experiencia personal. Dejé estas notas para ti.
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Ser gay. Mi experiencia personal. Dejé estas notas para ti.

Escribir estas breves notas ha removido en mí dolores que creía superados, miedos que pensaba que habían quedado en el pasado y recuerdos que siguen siendo tan dolorosos como en el momento que se produjeron los hechos recordados.
 
El mayor daño que yo sufrí fue el que me ocasionó mi propia familia. Mi infancia e incluso mi adolescencia están dentro de una nebulosa oscura que el mecanismo de defensa de la negación colocó en el olvido con el fin de que mi sistema nervioso no se colapsase. Desde niño y hasta la edad de treinta y cinco años padecí de fuertes depresiones que no sólo me impedían disfrutar de la vida, sino que me alentaban a abandonarla. Después de pasar por varios psiquiatras que únicamente podían ayudarme cargándome de medicamentos, poco antes de tomar la decisión de dejar este mundo, di con una psicoanalista que consiguió abrir la caja de los truenos y sacar a la luz el horror que desde dentro de mí me estaba condicionando, como consecuencia de no haber podido racionalizar los acontecimientos que me fueron destruyendo poco a poco.
 
La mayor parte de mi vida la he pasado sin ningún tipo de contacto físico con otras personas, salvo en las relaciones sexuales que ocasionalmente mantenía. Era como si pensara que tenía una especie de “sustancia” asquerosa que cubría mi cuerpo y no debía dejar que los demás se acercaran a mí y se infectasen con ella.
 
Aún hoy es el día en el que no puedo creer que alguien pueda amarme, ni tan siquiera quererme. En consecuencia, mis relaciones afectivas han carecido de lo fundamental. Es como si al crecer sin ningún tipo de afecto, algún tipo de órgano receptor del amor se hubiera atrofiado en medio de su desarrollo y fuera incapaz de creer tanto en las palabras como incluso en los hechos. No podía entenderlo. Con el tiempo he ido buscando y he encontrado respuestas como la que me ofrece Robert Hottman en su libro “El síndrome del amor negativo”.
 
“Toda nuestra programación básica negativa ocurre antes de la pubertad (edad de la madurez biológica). El adulto en el que nos transformamos después de la pubertad, actúa automáticamente según su modelo aprendido en la infancia… la falta de sustento y amor es la causa básica de su falta de habilidad, para relacionarse con amor, consigo mismo y con los demás. Muchos de ustedes tuvieron padres físicamente presentes, pero emocionalmente ausentes: el resultado es el mismo. Desgraciadamente, nosotros pasamos la vida rechazándonos y armando situaciones en las que nos rechazan los demás.”
 
Me he pasado la vida reconstruyéndome y no me gustaría que nadie tuviera que pasar por lo mismo. No obstante, hoy es el día en el que estoy reconciliado con mi historia personal y con la familia que me tocó en “suerte”. No se puede vivir odiando, porque una parte del veneno del odio te lo llevas tú. Finalmente me alejé de ellos, comprendiendo que obraron acorde a sus propias limitaciones, pero que no por eso debía permitir que siguieran lastimándome.
 
Mi madre, fue incluso más hiriente que mi propio padre, por lo que no puedo creer en la bondad maternal natural y espontanea ni incluso en una especial sensibilidad femenina. Realmente tener una buena madre, tiene mucho más valor del que se podía pensar. Lo peor de todo es que creía que me merecía el maltrato psicológico que recibía y el físico, aunque fuera en mucho menor grado.
La mayor parte de mi vida la he vivido con miedo hacia los demás, no únicamente un miedo a que me rechazaran sino incluso a que me golpearan porque sí; porque lo merecía por ser como era, por sentir como sentía.
 
Durante mucho tiempo he buscado respuestas al porqué de lo que me sucedía. Aquí te dejo una parte de lo que encontré. No sé por qué la vida puede ser tan complicada para algunas personas y para otras, tan aparentemente fácil. No quiero engañarte, las respuestas por sí mismas no solucionan nada, aunque creo que alivian el peso de algunas cargas psicológicas que llevamos. La verdad nos hace libres de nuestras propias presiones psicológicas, que ya es bastante, pero no mucho más sino es compartida por el resto del mundo.
 
A pesar de estar lejos del sueño que un día remoto yo tuve para mi vida, creo haber encontrado buenos amigos y superado la mayor parte de mis complejos. Cuando comencé estas notas era el mes de octubre de dos mil doce, tenía cincuenta y tres años. Las dejé aparcadas hasta este mes de mes mayo de dos mil trece, por lo que ahora tengo cincuenta y cuatro. No sé lo que me resta de vida y aunque creo estar preparado para marcharme, me gustaría pensar que aún hay algún tipo de sorpresa positiva esperando para mí. Pero si así no fuera y mi vida tuviese que seguir tan insustancial como lo es ahora, seguiré formulándome preguntas que tal vez me lleven a algún tipo de liberación, que en este momento ni imagine. En ese caso las dejaré por escrito, como estas que te he dejado, por si te sirvieran a ti o alguno más.
 
Querido hijo que nunca tuve, donde quiera que en el tiempo y el espacio estés, seas o no seas homosexual, esto fue lo que dejé para ti. Si cuando estos pensamientos caigan en tus manos yo ya no existiera, si acaso después de la muerte hubiera otra vida y pudiera de algún modo interferir en esta, ten por seguro que me tendrás a tu lado, dándote fuerza en los momentos de debilidad o amparándote en tu soledad hasta que encuentres a alguien que te quiera y se quede a tu lado.
 
Mayo de 2013
 
Fragmento final del libro "Dejé unas notas para ti".
Nota del autor. Aunque el libro está editado he publicado aquí la práctica totalidad del libro por si a alguna persona que no puede comprarlo le pueda servir.