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Ser Gay. Dejé unas notas para ti.   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Dejé unas notas para ti
Valentín Martínez
13.- Homosexualidad, religión y espiritualidad.
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Homosexualidad, religión y espiritualidad.

La espiritualidad es algo consustancial al hombre, es como si estuviera programado para buscar lo que es más grande que él, más grande que el mundo que habita; para preguntarse por el sentido de la vida y en ese camino encontrarse con que, parafraseando a Shakespeare, “entre la tierra y el cielo, hay muchas más cosas de las que ha soñado su filosofía”. En esta búsqueda el hombre descubre grandes verdades que conectan con su corazón y que adopta como normas de vida. Para custodiar estas verdades perennes, a menudo se las sistematiza en conjuntos de normas y reglamentos que llamamos religiones. Lo que sucede con estas verdades es que hay grupos de personas que se les apropian, las acotan y dotan de estructuras tan rígidas que, en vez de expandir el espíritu, le van ahogando, poco a poco, desvirtuando el mensaje inicial, que incluso queda silenciado entre tanta parafernalia, tanto boato, tanta hipocresía y asfixiante moralina, disfrazada de moralidad.
 
Con la elección del Papa Francisco, muchos fuimos los que pensábamos que podía darse un verdadero cambio en la iglesia católica. Sin embargo, salvo alguna sorpresa que ya no espero, como suelen hacer todos los nuevos papas, sus proclamas se ha quedado en gestos superficiales que harán que de nuevo desviemos la atención hacia un lugar (el Vaticano) que lo es todo menos el custodio del mensaje de Cristo. "Me gusta tu Cristo... pero no me gustan tus cristianos" dijo en una ocasión Mahatma Gandhi.
 
Aunque no hubiera habido un Cristo, un Mahoma, Buda o un Krishna, el hombre seguiría siendo llamado desde su interior a la búsqueda de lo trascendente. No importa el siglo en el que estemos o lo avanzados que nos encontremos tecnológicamente, el hombre, de uno u otro modo, buscara a Dios o alguien que responda a ese concepto: Energía Universal, Tao, Brahman etc.

Lo que sucede es que cuando empezamos esa búsqueda es normal seguir los pasos que nos conducen hacia nuestra meta, de la mano de las religiones establecidas, en mi caso del catolicismo, del que pronto me desengañé al comprobar que quienes lo enseñaban, a menudo hacían todo lo contrario de lo que predicaban. Aunque luego regresé al entender que si bien los predicadores, no me resultaban válidos por sus incoherencias, el mensaje de Cristo resonaba en mí con la fuerza suficiente como para abrazarlo.
 
Los sacerdotes, como en otros tiempos, predican el amor, pero alimentan el rechazo frente a los que consideran no ya distintos sino indignos de ser tratados como los demás hombres. Recientemente, Alemania ha expulsado a un Imán por incitar al odio contra los homosexuales. Pero ya no se trata sólo del rechazo, sino que, con su silencio, mediante una violencia pasiva lacerante, mediante el “pecado” de omisión, alimentan a los grupos que repudian y no tienen ningún reparo en maltratar a quienes tenemos una orientación sexual que, no es que no entre en los planes de Dios, sino que no forma parte de las normas y reglamentos que ellos han creado, cercenando el mayor mandamiento de todos que es el del amor.
 
Debemos tomar conciencia de que nadie puede privarnos de la religiosidad, ni mucho menos estigmatizarnos, como lo hacen las religiones en las distintas partes del mundo. De nuevo, en otro de los ámbitos sociales debemos luchar por nuestro lugar; y la batalla, en este escenario, no debe ser por la imposición o la fuerza sino por el ejemplo; así la necesidad de unirnos como colectivo, se hace una vez más tanto evidente como necesaria.

Por otra parte, cuestionarse las estructuras en las que se organizan las religiones, no nos hace menos religiosos; simplemente nos hace más autónomos, más coherentes con esa fuerza que existe en nosotros impulsándonos hacia la evolución, como seres individuales primeramente y después como grupo. Si nada se mueve, termina estancándose convirtiéndonos en autómatas, en corderos, que una y otra vez repiten las mismas conductas, fruto de los condicionamientos sociales.

Según el pensador Heckhart Tolle, en respuesta a una pregunta que relacionaba la espiritualidad con orientación sexual, dice que el hecho de ser homosexual puede resultar una ventaja a la hora de comprender que la mayor parte de las creencias, que aceptamos como nuestras, no son más que formas de pensamientos anquilosados que habitualmente no nos cuestionamos y que admitimos como ciertas:
 
“Según se aproxima a la edad adulta, la incertidumbre respecto a su sexualidad seguida de la comprensión de que usted es "diferente" de los demás puede forzarlo a desidentificarse de los patrones de pensamiento y conducta condicionados socialmente. Esto elevará automáticamente su nivel de conciencia sobre el de la mayoría inconsciente, cuyos miembros aceptan sin cuestionar todos los patrones heredados. En este sentido, ser homosexual puede ser una ayuda”. (El poder del ahora)
 
No obstante, sí bien cada uno tiene derecho a buscar y vivir en su propia fe, habrá quienes quieran vivir en la fe en la que han sido educados y los que la administran se lo impidan, ya no sólo omitiendo su ayuda, si no gritando contra él proclamas de odio. Pues bien, no hay otro camino que buscar a quienes piensan y sienten como nosotros, quieren permanecer en esa fe y, en principio, practicarla juntos al tiempo que damos ejemplo de una caridad y una humanidad más ejemplar que la que predican los que nos rechazan y nunca cumplen.
 
Claro que esto no debería ser así, deberíamos estar juntos todos los seres humanos, practicando los ritos que nuestro espíritu nos demanda; pero ¿cuántas cosas no deberían ser como son? Eso no quiere decir que renunciemos a nada, que nos consideremos religiosos de segunda fila, o que debamos segregarnos, si no que desde esta postura seamos capaces de expresar y hacer ver a los otros, que el amor, con mayúsculas, no tiene orientación sexual. Quizá, si fuéramos capaces de unirnos en un grupo que, sensibilizado por el estigma de la incomprensión y del rechazo, fomentáramos la aceptación y la verdadera universalidad de los mensajes que sustentan las religiones; serían otros quienes se unirían a nosotros; porque en el fondo yo no creo en la maldad del hombre por naturaleza, si no en la tendencia a la fraternidad, cuando esta no se pervierte con proclamas más propias de épocas medievales que del siglo XXI en el que vivimos.
 
No hace mucho tiempo asistí a una charla de un hombre que se había dedicado a recorrer el mundo en bicicleta con el dinero mínimo para subsistir. Nos estuvo hablando de todos los países que había recorrido al tiempo que pasaba diapositivas de los lugares que había visitado. Al final de la charla alguien le preguntó qué conclusión había sacado de aquella experiencia y su respuesta, he de decir que me sorprendió. Él dijo: “pues que el mundo es un lugar amable”. En general todo el mundo le había ayudado, había compartido sus recursos con él, cuando tuvo alguna necesidad importante y aunque no todo era “Jauja”, y evitó pasar por las zonas en las que se advertía que estaban en conflicto, nunca se sintió incómodo en ningún lugar. ¡Quién lo iba decir, con las cosas que escuchamos habitualmente en los informativos o leemos en los periódicos! Se ve que hay unos pocos que generan un gran ruido malintencionado.
 
¿Y mientras tanto, cuando uno está sólo, cuando no tiene con quien compartir su religiosidad? Pues si es verdaderamente religioso sabrá que no lo está, que Dios siempre está con él y que llegará un tiempo en el que las cosas cambien. Que con su ejemplo silencioso llegará mucho más lejos que con las proclamas de los voceros de un tipo de religión que desune en contraposición a la etimología de su nombre.
 
Siempre me llamó la atención el hecho de que la Iglesia pusiera su énfasis en el sexto mandamiento. Que casi toda su doctrina se basase en diatribas sobre sexualidad y se ignorase el resto los mandatos divinos o no se diera tanto altavoz a su predicamento. El porqué, después de comprobar cómo funciona el mundo está muy claro: Si realmente predicarán contra los corruptos, contra los que adulteran la vida social y política, contra los que roban a sus ciudadanos con impunidad, si realmente predicaran poniendo el énfasis en los desmanes del poder terreno, este poder terreno les haría desaparecer. En vez de sacrificar su vida, como lo hizo Cristo, por sus convicciones; se han ido convirtiendo en los nuevos fariseos que confabulan sin decoro, a través de su silencio, con su nuevo y terreno Sanedrín.
 
Como punto final, hacer notar que pareciera que el homosexual estuviera en la obligación de demostrar que su calidad como ser humano es igual a la del conjunto de la sociedad. Si alguien no ve esa obviedad, es decir, el hecho de que sustancialmente no hay nada distinto ¿Cómo se lo vas a explicar? Pues bien, me temo que hay que hacerlo tanto con palabras como con el ejemplo, pero no ya por nosotros, sino por los que vienen detrás, por quienes sin ser nuestros hijos biológicos seguirán siendo “hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma.” Como expresó Khalil Gibran, el gran poeta libanés. Y por amor a esa Vida que compartimos, debemos velar por su futuro como si nos fueran propios, ya que los logros que alcancemos hoy, serán los derechos que disfruten ellos en el mañana, siendo probablemente, para una gran mayoría, su única heredad.
 
Fragmento del libro "Dejé unas notas para ti".
Nota del autor. Aunque el libro está editado iré publicando aquí algunos de sus capítulos, como este, por si a alguna persona que no puede comprar el libro le puede servir.