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Ser Gay. Dejé unas notas para ti.   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Dejé unas notas para ti
Valentín Martinez
9.- Ser gay. La problemática de hacerte visible.
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Ser gay. La problemática de hacerte visible.

La verdad no es un bien absoluto. No podemos ir mostrando nuestro carnet de identidad a cualquier desaprensivo que nos lo solicite. Por otra parte, la vida no premia la debilidad; en la naturaleza los débiles no sobreviven. Además, ninguno debería emprender una batalla sin contar con las fuerzas, estrategias o aliados necesarios como para, al menos, no perder antes de disparar su primer cartucho. Es cierto que habrá que ir a la guerra sabiendo que perderemos de antemano las primeras escaramuzas; pero la vida está para disfrutarla y no podemos pasar todo el tiempo tratando de abrir los ojos al mundo, mientras pasa desapercibido el paisaje para nosotros.
 
Gracias a Internet las noticias sobre la comunidad homosexual no quedan silenciadas o pasan inadvertidas para la opinión pública. Lo que más me hiere es leer o escuchar como algunos adolescentes acaban suicidándose porque su visibilidad les deja desprotegidos ante la jauría humana a la que deben enfrentarse en lugares donde ser honesto con nuestra orientación sexual es estar condenado cuanto menos al ostracismo. Esta misma mañana leía la noticia de un muchacho mejicano que se suicidó al verse rechazado por su padre. Este es el tipo de padre, que prefiere el sacrificio de su hijo antes de sacrificar su bienestar y de enfrentarse al mundo junto a él.
 
Como creo haber manifestado, no se puede pedir a un adolescente, ni siquiera a un joven que viva en un lugar con falta de apoyos, o referentes cercanos, que asuma la batalla de hacerse visible. No lo hacen los hombres maduros, hombres con poder, hombres que podrían aplastar con una palabra a sus potenciales enemigos, como para pedir que alguien que vive un pequeño municipio o en una comunidad cerrada, a medio camino de su juventud, haga tal tipo de heroicidades.
 
Por supuesto que hay que luchar por hacernos visibles, pero desde un planteamiento inteligente, desde la colectividad. Si bien uno ha de ser fiel a su causa, la primera fidelidad, no me cansaré de repetir, es con uno mismo. En consecuencia, antes de salir al campo de batalla, tenemos que fortalecernos, mirar por nosotros. Así, el primer combate, será en el que derrotaremos a nuestros conflictos más íntimos, en el proceso de asumir nuestra identidad. Comprendiendo la naturaleza de nuestros fantasmas, hallamos la fórmula para suprimirlos. Como dije anteriormente, a menudo es suficiente con nombrar la emoción que percibimos, para que pierda su fuerza y nos permita mantenernos tranquilos y así pensar con lucidez. Identificando nuestras emociones, calmamos a nuestra mente. Sólo mostrándonos tranquilos y seguros de nosotros mismos los demás nos tratarán con tranquilidad y se sentirán seguros con nosotros. Es una retroalimentación o feedback que resulta muy fácil constatar.
 
Si acaso acudimos a un profesional de la psicología o psiquiatría, buscando la forma de aplacar la tensión que nos provocan las coerciones sociales; debemos pensar que no porque tenga el título que le capacite para ejercer su profesión, va a conectar con nosotros. Me gustaría decir que resulta espantoso escuchar, a más de uno de esos terapeutas, que los homosexuales tenemos más conflictos psicológicos que los heterosexuales. Se supone, por lo que se desprende de sus palabras, que esos conflictos son consecuencia de la homosexualidad. ¿Pero cómo no vamos a tener conflictos emocionales cuando nos hacen sentir que nacemos con alguna tara o defecto, cuando nos rechazan nuestros propios padres, nuestros compañeros de trabajo o cuando escuchamos que en tal o cual país a los que son como nosotros los condenan, no ya a penas de prisión sino a la pena de muerte? ¡Lo anormal es mantener el equilibrio ante un panorama de este tipo! No estoy en contra de buscar apoyo y consejo en un profesional de la salud mental si no tenemos a nadie que pueda aconsejarnos en los conflictos que se derivan de nuestra orientación sexual, pero si no conectamos con el profesional, mi consejo es que busquemos otro que nos entienda. Es fácil saber si conectamos o no. En el caso de que la consulta con tal o cual especialista, nos haga sentir bien, nos proporcione paz, es que hemos conectado; si cuando salimos de su consulta nos sentimos peor que cuando entramos o nos altera, no conectamos con su actuación.
 
Me sentía tan perdido al principio de mi batalla personal, que aceptaba el hecho de que, al salir de la consulta de un psiquiatra, me sintiera peor de lo que había entrado y su pretendida terapia, me hiciera más daño del que ya llevaba encima. Pero como estaba acostumbrado a no sentirme bien, pensé durante un tiempo que era culpa mía. Sólo cuando cambié de médico y vi que sus palabras no solo me consolaban, sino que iban sanando poco a poco mi alma, me di cuenta que no es fácil encontrar, de buenas a primeras, a alguien que te ayude ni siquiera pagando importantes cantidades de dinero. Por lo que a menudo, tendremos que contar con llamar a más de una puerta, si queremos resolver cualquier tipo de problema y no podemos por nosotros mismos.
 
Llegará un día, o tal vez ya ha llegado para ti, en el que te sentirás tranquilo, tanto con tu orientación sexual como con los diferentes retos a los que tu vida te vaya enfrentando. Una vez que te hayas aceptado, como consecuencia de haber eliminado los grandes temores que te paralizaban, una vez que hayas descubierto que en esencia eres tan perfecto como cualquier otro ser de los que pueble este planeta, si hay alguien que no te acepta, entonces el problema lo tiene él.
 
No obstante, no puedo transmitirte el mensaje de que a partir de ese momento todo irá bien. Habrá muchos que sigan hostigándote, si no personalmente a través de las proclamas de las ideologías más reaccionarias y te seguirán hiriendo con absurdas teorías que socaven tu integridad, como cuando dudan de tus capacidades para ser padre con argumentos espurios, o no quieren equiparar tu unión emocional a la suyas. Tendrás que acostumbrarte a que ninguna guerra puede ganarse completamente. Lo único que debe preocuparte es tu propia sinceridad. La sinceridad que te debes a ti mismo. No obstante, ni siquiera los heterosexuales lo tienen tan fácil como uno pueda creer.
 
Muéstrate seguro ante los demás. No es una tarea fácil, pero tiene su truco. Creo que nadie está seguro al cien por cien de nada en esta vida, ni siquiera de sí mismo; lo que sucede es que uno aprende a poner esa pose y, aunque no lo creas, por sí misma, te hace desprender seguridad. Aparta de tu vida todo victimismo porque lo único que hace es debilitarte. Eso no quiere decir que, en tu casa, en tu soledad o frente a alguien que realmente te quiera, puedas desahogarte si es que sintieras esa necesidad. Pero puedo asegurarte que no es el camino.
 
Fragmento final del libro "Dejé unas notas para ti".
Nota del autor. Aunque el libro está editado he publicado aquí la práctica totalidad del libro por si a alguna persona que no puede comprarlo le pueda servir.