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Ser Gay. Dejé unas notas para ti.   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Dejé unas notas para ti
Valentín Martínez
8.- Ser gay. El dolor del rechazo. El sentimientos de culpabilidad. La necesidad de aprobación.
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El dolor del rechazo. El sentimiento de culpabilidad. La necesidad de aprobación.

Hay que tener en cuenta, que el homosexual, no solo ha de enfrentarse a que, al afirmar su orientación sexual, sea apartado del grupo -lo cual solo de pensarlo te puede hacer temblar en lo más profundo, si aún no has alcanzado cierta madurez y muchos menos eres autosuficiente-, sino también debe de afrontar la herida que produce tanto el sentimiento de vergüenza, del que hemos hablado antes, como el golpe del rechazo en sí; sobre todo cuando viene de tus seres queridos, de los que se supone que deberían protegerte hasta que puedas arreglártelas por ti mismo.
 
Cuando alguien te rechaza es como si te dieran en un golpe en el alma. Al parecer, se activan las mismas áreas de dolor en el cerebro que cuando te producen una agresión de tipo físico. La diferencia es que el dolor físico se da en la superficie, pero este otro se produce en lo más íntimo de tu ser.
 
Bajo el temor de ser apartados del grupo, avergonzados por pensar que hay algún tipo de defecto en nosotros, amedrentados por el temor a sentir el dolor que produce el rechazo, no es de extrañar que como poco perdamos nuestra autoestima, como más suframos algún tipo de colapso nervioso o depresión y como punto intermedio nos neguemos a nosotros mismo lo evidente con tal de evitar enfrentarnos a esta galería de sufrimientos.
 
No caigamos en la trampa de que, porque no nos rechacen abiertamente con palabras, no vamos a notar esa agresión. Los gestos son harto elocuentes y los silencios tan perversos como las puñaladas o las injurias. Aunque nadie te violente con las palabras hay una agresividad pasiva quizá mucho más dañina que la corpórea. El daño está en la no acción, quizá cuando necesitas de una palabra de ánimo, de una sonrisa o de un gesto solidario ante tu estado emocional. Incluso es posible que llegues a pensar que todo es culpa tuya, con lo que vuelve a aparecer un nuevo frente con el que lidiar.
 

El sentimiento de culpabilidad

 
Uno puede sentirse culpable cuando por acción o por omisión - violencia pasiva-, está en su voluntad causar algún daño o perjuicio a alguien. Si tú pudieras decidir modificar tu orientación sexual y no lo hicieras para hacer daño a tus seres queridos, quizá podríamos hablar de culpa o responsabilidad. Pero cuando uno no decide nada, no es responsable de nada; no se puede ser culpable de algo sobre lo que uno no ha decidido poner en su ser.
 
Hay muchas moralidades perversas que convierten a las víctimas en verdugos, apelando a principios propios de las épocas más oscuras y pudibundas de nuestra evolución.
 
Cuando uno se culpabiliza de lo que siente (habitualmente como consecuencia de la falta de conocimiento sobre la naturaleza humana) puede generar con facilidad formaciones reactivas como mecanismo para defenderse y aliviar la presión mental que le crean sus impulsos. En este caso el sujeto expresa el deseo opuesto al que tiene por motivos de autocensura. Por ejemplo, podría mostrar una homofobia pronunciada para evitar enfrentarse a la presión social que supondría aceptar su propia homosexualidad. También podría proyectar en otros los sentimientos e impulsos propios que le resultan inaceptables. Muchas de estas personas después de haber satisfecho el impulso de un encuentro íntimo o emocional acorde a la naturaleza que se autocensuran, ejercen violencia contra quienes han buscado como parejas ocasionales; así al responsabilizar al otro y además castigarlo, son capaces de calmar la angustia y ansiedad que les genera su propia naturaleza. Una naturaleza que si es aceptada por el individuo conlleva pareja la aceptación del desprecio social que indefectiblemente se ejercerá sobre él. Este tipo de personaje es el más alarmante ya que no sólo se destruye a sí mismo, sino que ejerce violencia hacia los demás. En casi toda la filmografía de denuncia o testimonio, suele haber un personaje de estas características. Un hombre que busca satisfacer sus necesidades íntimas con otro y, cuando ha finalizado su encuentro, presa del pánico que le producen sus propias emociones, golpea o incluso asesina a su compañero accidental. “Fue culpa suya, -dirá en su descargo- fue él quien me engañó y me sugestionó. Quien me impulsó a hacer algo que yo no quería”. Si alguien siente curiosidad, un ejemplo claro y extremo de este tipo de comportamiento aparece en la producción inglesa del año dos mil siete “Clapham Junction”. Resultará fácil identificar al personaje reactivo.
 
Estos mecanismos de defensa actúan en todos los seres humanos ante situaciones psicológicas o emocionales que nuestro psiquismo no puede soportar. Y las causas que los ponen en marcha pueden ser de múltiple naturaleza; pero en el caso que estamos tratando suelen tener como base la sensación de culpabilidad. Puesto que el concepto de culpa lleva aparejado un castigo, lo habitual, en quien es homosexual y no puede aceptarlo por la coerción social que eso supone o por convicciones religiosas, es autoimponerse algún tipo de carga, como el desprecio por uno mismo, el convencimiento de ser un individuo indigno o aceptar que posee algún tipo de tara.
El sentimiento de culpabilidad es muy poderoso, consiste en sentirse responsable de algo, sea cierto o no, y como consecuencia de ello infringirse uno mismo un castigo. Suele funcionar a nivel inconsciente e instalarse en nosotros cuando no tenemos plena capacidad para razonar o racionalizar los hechos o circunstancias a los que la vida nos expone. Recuerda que no puedes sentirte culpable o ni por asomo responsable, de lo que, sin tener opción a implementar, vas descubriendo en tu naturaleza emocional.
 

La necesidad de aprobación

 
Por otra parte, el ser humano, cuando aún no está formado y aún en edades en que debería estarlo, siente un fuerte deseo de aprobación. Esta aprobación es básica en el seno de la familia cuando uno es un niño, y es consecuencia de la búsqueda de afecto como una necesidad psicológica de primer orden. El niño se va posicionando en su actividad y en sus creencias, dependiendo del estímulo de aprobación que encuentra en sus padres. Cuando no siente que recibe su afecto, cuando no siente su cariño, busca la forma de conseguirlo, renunciando a ser como es con tal de tener el amor, no sólo de sus padres sino también de los demás.
 
A medida que vas creciendo y te vas fortaleciendo psicológicamente, esa necesidad de aprobación a través de la cual encuentras el amor y la aceptación por parte de los otros disminuye, aunque en palabras de W. Dyer: “nuestro ambiente cultural refuerza el comportamiento de búsqueda de aprobación como norma de vida”. Siendo de este modo, la aceptación o no de nuestra orientación sexual, en muchos casos estará supeditada a la aprobación por parte de los demás; con lo que añadimos un elemento más a superar, al coctel de nuestras dificultades, de nuestros hándicaps.
 
Fragmento del libro "Dejé unas notas para ti".
Nota del autor. Aunque el libro está editado iré publicando aquí algunos de sus capítulos, como este, por si a alguna persona que no puede comprar el libro le puede servir.