Sueño, pesadilla, microrrelato, relato, cuento, mente torturada, tristeza, desesperación, impotencia, soledad, pobreza, cuento, narración, pobreza, abandono, soledad, miseria, desesperanza
Sueño, pesadilla, microrrelato, relato, cuento, mente torturada, tristeza, desesperación, impotencia, soledad, pobreza, cuento, narración, pobreza, abandono, soledad, miseria, desesperanza
Sueño, pesadilla, microrrelato, relato, cuento, mente torturada, tristeza, desesperación, impotencia, soledad, pobreza, cuento, narración, pobreza, abandono, soledad, miseria, desesperanza
Novela negra   
Novela El Nigromante
 
El Camino de la iluminación espiritual y personal
Mircrorrelato
Valentín Martínez Carbajo
La pesadilla
Sueño, pesadilla, microrrelato, relato, cuento, mente torturada, tristeza, desesperación, impotencia, soledad, pobreza, cuento, narración, pobreza, abandono, soledad, miseria, desesperanza

La Pesadilla
 
A la izquierda había un paisaje precioso. Aguas cristalinas y rocas con musgos verdes espectaculares. Había mucha gente visitando el lugar. El inconveniente era que en esa agua no se podía flotar ni nadar y las personas que se tiraban a ella para disfrutar del baño caían al fondo y se ahogaban. Al menos se lanzaron tres niños y nadie pudo hacer nada por socorrerlos.
 
A la derecha, separado por un montículo de tierra negra había un paisaje sucio y demoledor. Agua negra empantanada y trozos de madera viejos cubrían casi todo el espacio. Un niño de apenas un año estaba sentado entre esa suciedad totalmente solo y llorando. Se distraía con el ruido de algún avión que surcaba el cielo o con las voces de las pocas personas que había por allí; aunque no se veía ninguna. Nadie le hacía caso, nadie hacía nada por él.
 
Era un país lejano al que había ido a pasar unos días. Yo me encontraba solo. En el hotel había un joven solitario y risueño que iba de un lado a otro. No tenía recursos y se preparaba una especie de chaleco para ir a una fiesta con unas telas raídas y unas cuerdas. Se le veía esperanzado y sonriente, pero parecía ausente y no hablaba con nadie.
 
En el sueño me desperté cuando el muchacho había entrado en mi habitación y le descubrí registrando los bolsillos de mi cazadora. Había cogido algo, pero no pude saber el qué. Le pedí que lo dejara y lo dejó. Vio algo detrás de la almohada de mi cama, dejó de atender a mis palabras e ignorándome por completo lo cogió. No sé qué podía ser.
 
Creo que tanto el niño abandonado en medio de la suciedad y este joven lleno de esperanza, pero sin ningún tipo de recursos ni ayuda, era yo.
 
Por último, me encontré con un antiguo compañero de trabajo. Se estaba duchando en una especie de barracón. Estaba él y otra persona desconocida al fondo. Le confundí con el muchacho del hotel y me acerqué a la puerta empujándola con la intención de entrar y pedirle explicaciones.
 
Vi el miedo de mi antiguo compañero de trabajo reflejado en sus ojos al verme. “No, no por favor” dijo mi antiguo compañero empujando la puerta para que yo no pudiera entrar. Sentí una enorme vergüenza. Espere fuera para disculparme y apenas se despidió de mí. Creo que aquel rechazo mezclado con el miedo irracional que sentía hacía mí fue lo que más daño me hizo de toda aquella visión.
 
Me desperté del sueño deprimido. Por un momento pensé en abandonarme a la tristeza y la autocompasión y recrearme en el llanto. ¿Por qué un cerebro programado para hacerme sobrevivir genera estás imágenes tan deprimentes en la pantalla de mi mente?... Después de unos momentos de vacilación me dije: ¡Qué coño! ¡Qué le den “pol culo” al sueño, a mi cerebro y a mi mente! Me vestí y me bajé a desayunar.
 
Fin
 
Valentín Martínez Carbajo